En el pecho de Argentina anidabas cuando te llamaron…
y no titubeaste en cumplir esa jesuítica misión.
Y con el arte que te fuera otorgado creaste junto a unos pocos esa colosal tarea, como lo es formar a los demás.
Forjaste un camino, por donde hoy todos transitamos
y esa huella se hizo profunda de tanto andar.
Fuiste un Ruiseñor como aquella de Crimea
y tu luz encandece como la de esa lámpara entre nosotros.
Digna del respeto en los más altos claustros
nos hiciste herederos del imperio inmaterial del conocimiento, como un regalo divino, ahora propio.
Mujer, madre, líder…fuiste pionera en un mundo viril, dejaste tu integridad marcada como un sello
en la estampa erguida de tus hijos.
Y como un ruiseñor vas partiendo a los cielos,
pero tu luz…se queda adentro.
